Moda lenta

El Banco Mundial estima que el 20 % del agua contaminada en el mundo proviene de la producción textil global. Además, la fabricación de las fibras textiles utiliza alrededor de nueve billones de químicos que también contaminan el suelo, el agua y el aire del planeta, así como a los trabajadores de las fábricas o plantaciones de algodón y a quienes vestimos estas prendas que han sido producidas en masa.

Frente a este sistema insostenible que en la actualidad impera en la industria de la moda, fast fashion o moda rápida, la activista Kate Fletcher creó en el año 2007 el concepto de slow fashion.

Esta escritora y emprendedora amante de la naturaleza basa su trabajo en la cultura y la creatividad del diseño y de la moda, a partir del compromiso con el medio ambiente y el desarrollo social. Es también profesora en materia de sostenibilidad en el Centre for Sustainable Fashion de la Universidad de las Artes de Londres y ha escrito el preciado libro ‘Gestionar la sostenibilidad en la moda: diseñar para cambiar’ (2008), que por su innovadora visión ha resultado muy útil en las escuelas de diseño actuales.

El movimiento slow fashion persigue la concienciación de la ciudadanía en cuanto al impacto medioambiental que produce el consumo de moda actual. En la moda rápida o fast fashion la velocidad de diseño es muy elevada, así como lo son los procesos de producción, entrega y reposición de stock. Esto implica la sobreexplotación de las zonas de cultivos y la reducción del tiempo que el diseñador destina a la creación nuevas prendas, lo que inevitablemente redunda también en una menor calidad de los productos.

La periodista y bloguera Sofía Calvo destaca en su libro ‘El nuevo vestir’ (2016) que “el slow fashion se entiende como el modelo de negocio que busca crear prendas ecológicamente amigables, transparentando el proceso de fabricación, tanto a nivel de materiales como de las condiciones de los trabajadores que las crearon. Todo ello sin seguir los ritmos de las tendencias, ya que aspira a crear productos atemporales de calidad”.

De esta forma, el slow fashion o moda lenta se presenta como un cambio de paradigma al cuestionar el modelo de producción actual de la industria textil. El objetivo es promover la calidad sobre la cantidad y nuevos modelos de negocio que respeten y sean conscientes del impacto en el medio ambiente, en los trabajadores y en las comunidades, además de favorecer las producciones locales, diversas y basadas en la confianza.

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